Jue. Nov 21st, 2019

Pluto: el odio que nace de un robot

Hoy queremos hablaros de una obra muy especial que lleva la firma del gran y conocido Naoki Urasawa, autor de obras de prestigio mundial como son Monster o 20th Century Boys

¡Bienvenidos seguidores de El Culto del Anime! Hoy queremos hablaros de una obra muy especial que lleva la firma del gran y conocido Naoki Urasawa, autor de obras de prestigio mundial como son Monster o 20th Century Boys. Pluto es una obra autoconclusiva que está basada en uno de los archiconocidos títulos de Osamu Tezuka: Tetsuwan Atom, ampliamente conocido como Astro Boy en Occidente. Lejos de ser un mero homenaje, estamos ante una historia genuina de gran valor que solo un autor de la talla de Urasawa sería capaz de manejar.

El legado de Tetsuwan Atom: de Tezuka a Urasawa

Tetsuwan Atom nació en Japón durante la posguerra de la Segunda Guerra Mundial, en los años 50. En sus páginas, el personaje Atom lidiaba con los problemas que surgían como consecuencia del auge de los robots en la sociedad humana, promoviendo en sus historias el entendimiento y el diálogo como el camino a seguir para solucionar los conflictos. Dado el contexto de su publicación, entendemos que Tezuka, quien vivió los horrores de la guerra, quiso plasmar en su obra reflexiones y pensamientos buscando y divulgando un modo alternativo de poner fin al odio entre las personas.

13 años después del fallecimiento del autor, Naoki Urasawa propuso a Makoto Tezuka (el hijo de Tezuka) dibujar un manga basado en el arco “El mejor robot sobre la faz de la Tierra” de Tetsuwan Atom; quería reinterpretar el primer manga que leyó y que se convirtió en la base de su trabajo. De este modo, Makoto terminó aceptando la propuesta con dos condiciones: que el manga estuviera dibujado al estilo de Urasawa y no limitado por los diseños originales (en el primer boceto, el Atom de Urasawa era muy similar al de Tezuka) y que él mismo supervisaría todo el trabajo. Y así, en 2003 vio la luz la obra que nos trae aquí: Pluto.

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Comparación de los diseños originales con los de Urasawa.

Robots de guerra y libre albedrío

Persia, una de las grandes potencias del mundo y en continua expansión, trabajaba para desarrollar una poderosa inteligencia artificial (IA) bajo el proyecto clave Bora. Los Estados Unidos de Tracia, temiendo la creación de robots de destrucción masiva, instó al resto de países a invitar a Persia a unirse oficialmente a las Naciones Unidas tras un Tratado que prohibía la fabricación de este tipo de robots con el fin de mantener la paz y armonía entre los países miembro.

Al poco tiempo de su agregación, Tracia acusó a Persia de llevar a cabo un proyecto altamente peligroso en secreto y se abrió la Comisión de Investigación Bora. Esta comisión jamás encontró indicios de esto pero descubrió, bajo el sótano de una mezquita, un cementerio con cientos de robots acumulados. La Ley Robótica Internacional reconocía a los robots como semejantes a los humanos y recogía sus derechos otorgados, derechos que violó Persia y que inició lo que se conoce como el 39º conflicto de Asia Central, conflicto en el que participaron los 7 robots más poderosos de la Tierra. Al final, Persia perdió la guerra y sufrió un proceso de ‘democratización’ bajo la subyugación de Tracia y las Naciones Unidas.

Con frecuencia encontramos obras donde héroes de guerra regresan a sus hogares siendo otra persona o buscan cambiar de vida con el fin de olvidar los hechos vividos. Pero, ¿podría suceder lo mismo en el caso de un robot? Los robots son máquinas creadas con fines concretos que se mueven, actúan y comunican como un humano más pero que carecen de “corazón”. Sin embargo, en la época actual en la que transcurre la obra, encontramos robots de aspecto completamente humano (lejos de los modelos arcaicos típicos) que forman núcleos familiares, adoptan niños (humanos o robots) y tienen trabajos asalariados como cualquier persona.

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Gesicht, el personaje que inicia y protagoniza la mayor parte de la obra, es uno de los siete robots mencionados anteriormente. Producto de una inversión enorme, su cuerpo hecho de la aleación zeronium constituye una de las armas bélicas más poderosas de las que dispone la humanidad. Sin embargo, tras el final del conflicto persa, trabaja para la Interpol y vive junto a su esposa, también robot, como cualquier ciudadano. Al igual que el resto de aquellos poderosos robots, pierde su razón de ser principal y ya no quiere ser una máquina de guerra (un robot puede matar a otros robots o ser matado por humanos); en su lugar, busca un nuevo propósito para el que a priori no fue creado. Del mismo modo, habrá quien se convierta en guarda forestal para proteger el ecosistema, quien quiera aprender a tocar el piano o quien decida acoger a niños huérfanos de la guerra con Persia.

Todo esto cambia cuando de pronto estos siete robots así como los humanos miembros de la Comisión de Investigación Bora comienzan a ser violentamente asesinados por una supuesta fuerza fruto del odio de la guerra. De primeras, personas que sufrieron y perdieron todo en una guerra y que después buscan vengarse de aquellos que la protagonizaron no es un tema especialmente innovador. Lo que resulta una verdadera sorpresa y el asunto en el que se centra la obra es que todo apunta a que el misterioso asesino es un robot. A consecuencia, este hecho abre una cuestión en el marco de la obra: ¿Puede un robot matar a un humano?

Según la Claúsula 13 de la Ley Robótica Internacional, un robot estará incapacitado para matar a un humano, incluso cuando sufra daños de estos. Similar a las 3 leyes de la robótica creadas por el escritor de ciencia ficción Isaac asimov (cuyas leyes sientan las bases de muchas obras posteriores sobre robots e IA), los robots están obligados de forma inherente a cumplir esta Cláusula del mismo modo que están incapacitados para mentir, desobedecer o tener sentimientos. No olvidemos que son máquinas que cumplen un fin y que no poseen libre albedrío. Pese a que gran parte de la ficción tiende a humanizarlos, pensadlo por un momento: es como si el frigorífico pudiera decidir libremente si enfriar o no o el coche si quiere moverse. Irónicamente, en Pluto se presenta la tendencia a crear robots cada vez más humanizados.

“¿Así que hasta los robots pueden soñar?”

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A pesar de las innovaciones y las IA más evolucionadas, cabe pensar que los robots no podrán nunca romper las barreras que los identifican como máquinas pero, en medio de su investigación para esclarecer la identidad del asesino, Gesicht conoce a Blau-1582, el primer robot que asesinó a un humano. Blau, que plantó la semilla de una evolución para la que ningún humano estaba preparado, fue objeto de varias investigaciones y se le examinó y evaluó detenidamente, pero nadie fue capaz de explicar qué había pasado; Blau no presentaba ningún fallo y todo su sistema era correcto. Simple y llanamente, el robot decidió libremente y por propia voluntad matar al humano, es decir, decidió ignorar la Cláusula 13 que le impedía hacerlo.

Pluto y un robot con corazón

Abrir la posibilidad de que un robot pueda asesinar a un humano es una cuestión que abarca de manera perceptible casi toda la trama pero que, inevitablemente, abre otra cuestión aún más inquietante que la primera: ¿qué motiva a un robot a asesinar? Como ya dijimos previamente, los robots carecen de la capacidad de sentir y, por tanto, de la capacidad de sentir odio y resentimiento hacia aquellas naciones y poderes que les arrebataron todo en una guerra. No obstante, esto se puntualiza con el desarrollo del personaje clave de la obra: Tetsuwan Atom.

Atom fue creado por el doctor Tenma con el propósito de sustituir a su hijo fallecido Tobio. Dado que un robot no puede sentir, Atom debía copiar los gustos, expresiones y carácter del hijo para satisfacer al doctor. A pesar de ello, no fue capaz de simular a Tobio y en su lugar, como aparente contradicción a su propia naturaleza y fruto de la evolución de las IA, Atom desarrolló una personalidad propia. Constituyendo una de las IA más evolucionadas y extraordinarias jamás creadas, Atom mostró un comportamiento cada vez más humano y más propio de un niño que de una máquina. Actos tan inocentes como coger un caracol en la lluvia o expresar lo rico que está un helado (pese a no poder saborear) asombran a Gesicht durante su primer encuentro. Si la base de todo aprendizaje es la imitación, ¿podría un robot aprender a tener sentimientos?

Ante este hecho, el doctor fue consciente por primera vez del peligro de desarrollar máquinas cada vez más humanizadas. ¿Imagináis qué sucedería si robots con ambición, orgullo u odio quisieran rebelarse contra la humanidad? Será entonces cuando nazca Pluto, nombre que proviene del dios del inframundo (Plutón en español) de la mitología romana.

“Encontraré al asesino. Ya sea robot o humano, está poseído por un demonio.”

Y hasta aquí el post de hoy. Con mayor o menor popularidad, está claro que Naoki Urasawa nos ofrece una gran reinterpretación en forma del thriller que tan bien domina, dando un lavado de cara a un todo un clásico del mundo del manga. ¿Y vosotros, habéis leído Pluto? ¿Pensáis que una evolución así es posible en un futuro?

¡Muchas gracias por leer hasta aquí seguidores de El Culto Del Anime!

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