Dom. Nov 17th, 2019

Utena, la Chica Revolucionaria: El amor que revoluciona el mundo

Hemos alcanzado el clímax de Utena, la Chica Revolucionaria y hoy por fin os traemos el final de esta gran serie.

La deconstrucción del príncipe azul, roles de género y machismo – Parte 5

¡Bienvenidos seguidores de El Culto del Anime! Hemos alcanzado el clímax de Utena, la Chica Revolucionaria y hoy por fin os traemos el final de esta gran serie. Estos posts estarán escritos de manera que cualquier persona, tanto si ha visto la serie como si no, pueda entenderlos y disfrutarlos así que si has llegado aquí primero, puedes empezar a leer desde la Parte 1. Dicho esto, comenzamos.

Este artículo contiene spoilers importantes de los episodios finales.

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La bruja y el Fin del Mundo

Como en toda representación, las piezas del puzle que fueron progresivamente presentadas y manejadas llevarán irremediablemente a una conclusión y el teatro debe llegar a su fin. El telón debe caer pero antes se nos contará una historia diferente a la de la pequeña Utena y el príncipe en su caballo blanco: el cuento de la bruja.

“Una chica que no puede ser princesa solo puede convertirse en bruja”.

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Titulada como “La Leyenda de la Rosa”, el Teatro de Sombras nos cuenta la historia de un príncipe que salvaba de monstruos (y de estar solas) a todas las princesas del reino hasta que un día apareció una bruja. Dicha bruja engañó al príncipe para que fuera a su castillo en el cielo y fue apresado. La bruja encerró al príncipe, la luz del mundo, y el mundo fue absorbido por la oscuridad.

“Nuestra obra salió perfecta. ¡Seremos unas grandes actrices!”

No hay mayor ciego que aquel que no quiere ver pero el espectador ya debe saber que no debe creer a las sombras (falsa verdad, recordemos la alegoría de la caverna de Platón inicial).

Volvamos al inicio de la historia:

Una joven Utena que se encontró con un príncipe presencia algo Eterno: la Prometida de la Rosa. Anthy es la bruja que una vez fue princesa. Como hermana del príncipe que era, no quería que siguiera peleando porque temía por su vida. Para liberar al príncipe de su papel decidió esconderlo y sacrificarse sufriendo el castigo y la agonía por toda la eternidad pues tal es el destino que les espera a las princesas que se rebelan contra El Mundo y contra Dios.

“¡DIOS YA NO ESTÁ AQUÍ!”

Será tras este testimonio cuando Utena reciba su preciado anillo como guía para llegar hasta la Academia Ohtori y poder salvar a la Prometida de la Rosa, mas solo podrá hacerlo un príncipe a quien Anthy ame y nadie más.

La bruja recibe el odio y es objeto de toda culpa (¡la bruja que robó la luz del mundo!) y el príncipe Akio, aquel al que robaron el poder de “Dios” y que encarna El Mundo, cambió para siempre y se convirtió en el Fin del Mundo para crear, dirigir y representar la Academia Ohtori y sus ideales.

La eternidad y la Puerta de la Rosa

Finalmente conocemos los hechos que originaron la Academia, el Fin del Mundo y la Prometida de la Rosa. Tanto Akio como Anthy están atrapados en un ataúd cuya única salida es la Puerta de la Rosa: el portal que mantiene sellado el poder para revolucionar el mundo y que solo podrá abrir el príncipe amado una vez tenga lugar el duelo final Revolución.

Sin embargo, Akio no ama a Anthy; afirma amarla pero, por desgracia, el mundo concebido en la Academia Ohtori, un mundo que crea princesas que necesitan ser salvadas por príncipes, no entiende el amor sincero de igual a igual. Ya hablamos de la naturaleza sexual de Akio/El Fin del Mundo y de cómo el príncipe ama a muchas princesas. Para el Fin del Mundo, el amor es sinónimo de sexo, razón por la cual tiene relaciones íntimas con su hermana Anthy cuando Él (El Mundo, “Dios”) desea.

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Como en un bucle infinito, están condenados a esperar a que aparezca un nuevo aspirante a príncipe para repetir el mismo final (el fracaso del duelo Revolución) una y otra vez hasta el fin de los días, hasta el fin del mundo. En tales condiciones resulta difícil ignorar que “Ohtori”, nombre de la Academia y apellido de Akio (tomado de su pareja al prometerse en matrimonio), significa “fénix”. Un animal mitológico que muere y renace de sus cenizas, es decir, que es eterno, es sin duda la mejor analogía para tan nefasto destino. Asimismo, el fénix también simboliza la inmortalidad a través de la resurrección de Cristo, el hijo de Dios, en el cristianismo.

Llegados a este punto, cabría preguntarse qué diferencia hará Utena: absolutamente ninguna. Las espadas ya no van con ella y en su lugar será el Fin del Mundo quien tome y proteja a su princesa. Serán felices, eternos y compartirán su amor por siempre. Y por siempre, como príncipe y princesa, vivirán en el castillo que flota inalcanzable sobre la Arena de Duelos y que aloja esa eternidad que todos desean.

“Si vas al castillo, verás a tu príncipe”.

Nada de esto es verdad. Como tantos elementos de nuestra historia, el cuento resulta en una mera ilusión. Nunca hubo castillo como nunca hubo príncipe azul. Es el planetario de Akio, aquel que alojaba en su vivienda, el que proyecta cuentos de hadas que engañan a los ingenuos. Tontos que creen que los milagros existen y deciden acudir a la Arena de Duelos: la cima de la Academia Ohtori y la cima del mundo mismo.

La espada no es la única representación de poder en la obra. El Fin del Mundo se aloja en el punto más alto de la torre (símbolo fálico) de la Academia Ohtori donde también está el planetario.

Una vez más, el príncipe Utena rechaza la ilusión y decide batirse en duelo por última vez para abrir la Puerta de la Rosa y salvar a la Prometida de la Rosa. Evidentemente, el duelo termina en fracaso pues ese es el destino que les espera a todos los príncipes. Dicho de nuevo, un príncipe nunca podrá abrir la Puerta de la Rosa.

La Revolución del Mundo

Hemos hablado de aquel castillo flotante como reflejo de la eternidad. De una u otra manera, todos los personajes parecen obsesionados con hallar algo eterno en un mundo caduco. Dicha obsesión queda clara en Akio/El Fin del Mundo, siendo uno de sus muchos hobbies la fotografía (recuerdos congelados en el tiempo).

 En el caso de Anthy, pese a ser quien recibe todo el odio y es tratada como un mero objeto, es el miedo al cambio y sus consecuencias el que motiva su obsesión; recordemos que ya trató de cambiar las cosas una vez protegiendo al príncipe. Anthy aceptó hace tiempo ser una bruja y no quiere abrir su ataúd. Por esta misma razón, recibe impasible un millón de espadas forjadas con la espada del príncipe (“Dios”) que brillan con el odio de la humanidad y que se clavan en su cuerpo mientras el Fin del Mundo trata de abrir con la espada una vez más la Puerta de la Rosa sin éxito.

“Te duele, Anthy? Yo no soy quien te lo provoca, ¡es El Mundo!”

Con una noria al fondo, símbolo de niñez, vemos una Utena abatida. Ha sido herida durante el duelo y contempla impotente y desesperada el ceremonioso sacrificio; esto ya no es un juego y la inocencia debe quedar atrás. Aparece la sombra del príncipe de su pasado para repetir el discurso (o el cuento) de que más allá de la Puerta de la Rosa reside algo eterno, el poder de los milagros. 

Utena ruega a Akio que salve a Anthy pero este se niega ya que las espadas se volverían contra él (ayudaría a una bruja).

A lo largo de la serie hemos descubierto muchos elementos que suman y matizan un contexto y no podríamos hablar del final sin exponer la confianza y el amor que ha ido arraigando y creciendo progresivamente entre Utena y Anthy a través de otro elemento: las manos.

Ya tratamos la espada y su evolución durante los duelos como símbolo manifiesto de la relación (de poder) entre el príncipe y la princesa. Sin embargo, son las manos desnudas las que servirán para reforzar la verdadera unión entre Utena y Anthy, no ya como actrices con máscara sino como individuos únicos. Por supuesto, como en toda relación, no existe esa felicidad eterna de la que hace gala el príncipe porque hasta las personas más inocentes pueden dañar a otras.

Antes de que tomara lugar el duelo Revolución, Anthy nombra y explica un curioso nombre: “Cantarella”. La cantarella o acquetta di Perugia en italiano es un veneno inodoro, incoloro e insípido del que se especula que fue frecuentemente usado por los Borgia durante el Renacimiento. Mientras toman el té, Anthy afirma haber puesto ese veneno en las galletas que está comiendo Utena y, a su vez, Utena asegura haber hecho lo mismo con su té. Curiosamente, ninguna de las dos parece sobresaltada y siguen ingiriendo el supuesto veneno; aceptan que se han hecho daño mutuo. Anthy se aprovechó de la inocencia y amabilidad de Utena para que Akio la manipulara y Utena ignoró el dolor y sufrimiento de ella para entrar al juego de los duelistas; fingió ser el príncipe que la salvaría.

Hemos dicho que las manos reflejan la relación entre las dos y serán las mismas las que salven a Anthy (no por última vez) cuando intenta tirarse desde lo alto de la torre para no poner en peligro a Utena.

Con todo esto presente, Utena toma una decisión: rompe la ilusión y rechaza todo consuelo, ánimo o ayuda de un príncipe así como tampoco quiere serlo ella. Va a romper las reglas del juego y va a tratar de abrir la Puerta de la Rosa con sus manos. Las espadas de odio se revuelven porque alguien intenta ayudar a una bruja. Sorprendentemente, la Puerta de la Rosa cambia de apariencia y muestra su verdadera cara: un ataúd en cuyo interior se aloja Anthy.

“He llegado hasta aquí solo por ti”.

Como adelantamos, las manos la salvarían de nuevo pues será la mano de Utena la que saque a Anthy de su ataúd y Utena, aquella chica que osa tender una mano a una bruja, recibe las espadas de odio por ella. Ambas desecharon el disfraz y es ese gesto puro y sincero el que las lleva a conocerse cara a cara por primera vez (Anthy ha vivido una eternidad en su ataúd) mas como si llevaran toda una vida buscándose. Por primera vez en mucho, mucho tiempo, Anthy se agarra a un hilo de esperanza.

La Revolución del Mundo, aquello que iba a sacudir los cimientos de la estructura y jerarquía de la Academia Ohtori, la Revolución que arrancaría las máscaras al príncipe y a la princesa, no cambia nada. La Academia volverá a funcionar y se preparará para un nuevo año y el director Akio tiene nuevos planes. Utena, la chica que se atrevió a abrir el ataúd, se ha graduado y salido de la Academia y poco a poco comienza a ser olvidada; Utena no ha cambiado el mundo. Un solo individuo no puede marcar una diferencia en la eterna Academia.

Curiosamente, lo que para El Mundo es un cambio minúsculo y fútil, para Anthy supone su mundo entero. ¡Ya no quiere ser la Prometida de la Rosa! Con maleta en mano, se despide de su hermano (quien continuará atrapado en su ataúd fingiendo ser un príncipe) y sale del lugar por su propio pie para buscar y reencontrarse con la persona que le tendió su mano.

“Escucha: si tienes algún problema, quiero que acudas a mí primero. Quiero que podamos ser esa clase de amigas. Y un día, nosotras brillaremos juntas”.

¡Y hasta aquí el post final! Ha sido un viaje largo pero esperamos que hayáis disfrutado de verdad con esta serie de posts sobre Utena, la Chica Revolucionaria y que, como a la Prometida de la Rosa, haya revolucionado un poco vuestro mundo. Si os ha gustado, no olvidéis darle difusión y escribirnos comentarios u opiniones que no dudaremos en leeros.

¡Muchas gracias por leer hasta aquí seguidores de El Culto del Anime!

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