mié. Oct 23rd, 2019

Utena, la Chica Revolucionaria: La princesa que encuentra a su príncipe

En esta cuarta parte (y penúltima) continuaremos ahondando sobre Utena, la Chica Revolucionaria.

La deconstrucción del príncipe azul, roles de género y machismo – Parte 4

¡Bienvenidos seguidores de El Culto del Anime! Hoy os traemos otra parte de esta larga y detallada serie de posts sobre Utena, la Chica Revolucionaria. Avisamos que estos artículos pueden contener spoilers pero siempre que sea posible intentaremos evitarlos. Estos posts estarán escritos de manera que cualquier persona, tanto si ha visto la serie como si no, pueda entenderlos y disfrutarlos así que si has llegado aquí primero, puedes empezar a leer desde la Parte 1. Dicho esto, comenzamos.

Desgranar y desarrollar una serie como Utena resulta complejo dado que dedica sus capítulos a despedazar, examinar y reconstruir temas de diversa índole. Sin embargo, no queríamos introducirnos en el clímax de la obra sin antes pararnos en su ecuador y poner de manifiesto algunos pensamientos sobre la naturaleza y condición del ser humano vistos en la serie.

La inherencia de los sentimientos y la muerte del Ser

Recapitulemos: el príncipe Utena deberá superar todos los duelos, conocidos también como los 7 duelos del Ser, para alcanzar el duelo Revolución y encontrarse con El Fin del Mundo. Amistad, Elección, Razón, Amor, Adoración, Convicción y Ser son los siete pilares que utiliza la serie para hablar sobre el desarrollo individual de los personajes, pilares que representan conceptos positivos que aportan beneficio y valor. Sin embargo, la naturaleza humana no puede ser ocultada tras una máscara y por mucho que los personajes se ciñan a un papel, terminarán aflorando en su interior pensamientos y sentimientos de otro carácter.

Durante varios episodios, diferentes personajes secundarios son manipulados para avivar en ellos sentimientos que normalmente rechazan y ocultan. Es importante comprender que dichos sentimientos no son implantados ni generados; emociones como el odio, el rencor o la envidia no pueden ser evitados pero puedes aprender a gestionarlos y, al final, a vivir con esa parte que forma al verdadero Ser.

No obstante, si algo sabemos de la Academia Ohtori es que en ella prevalece la apariencia frente a la realidad (recordemos aquel Teatro de Sombras o el cencerro de Nanami). Bajo esta premisa, los personajes nunca quieren enfrentar sus verdaderos sentimientos y de ahí nace el deseo más ferviente de la princesa, aquel que recompensa su autoinfligida mutilación sentimental: encontrar a su príncipe azul.

“Las únicas que pueden acercarse a los príncipes son las princesas de los cuentos de hadas”.

Tal es la obsesión por llevar el disfraz que seremos testigos en numerosas ocasiones de cómo el príncipe o la princesa entierran su genuinidad en el ataúd en pos de la búsqueda de su media naranja. Esto no solo crea una carencia en la capacidad para gestionar, comprender y manejar las emociones (inteligencia emocional) sino que, una vez conseguido el príncipe o princesa de cuento, el individuo detendrá su progreso y evolución; serán Mikage y Mamiya, dos personajes presentados en mitad de la obra, los encargados de evidenciar tan nefasto destino.

La Rosa Negra es la contraposición a las rosas vistas hasta ahora, esas rosas que representan a la mujer joven y femenina en la plenitud de la vida. La simbología y atributos dados a los colores varía según los lugares pero frecuentemente se relaciona el negro con la muerte, el color del luto, pero también representa el transcurso del tiempo (toda ‘flor’ termina marchitándose).

Cada uno empujado por sus propias razones, todos los personajes parecen buscar siempre lo mismo: la eternidad. Incluso la propia Utena, después de perder a sus padres y ser incapaz de afrontar su muerte, busca a su príncipe azul tras presenciar “algo eterno”. Contado de muchas maneras, terminamos viendo lo mismo una y otra vez: los personajes no quieren afrontar la muerte, no quieren afrontar el final y, por ello, buscan algo que sea eterno, o dicho de otro modo, algo que no cambie.

Hace años, el profesor Nemuro se enamoró; había encontrado su princesa. Dicha princesa tenía un hermano que padecía una enfermedad terminal y, por el aprecio que les tenía a ambos, decidió investigar para hallar la eternidad. Sin embargo, la princesa se graduó y salió de la Academia tras un incendio en el edificio Nemuro en el que murieron cien estudiantes. En la actualidad conocemos a Mikage, el encargado del Seminario Mikage y aquel que busca convertir a Mamiya (el hermano de aquella princesa graduada) en la Prometida de la Rosa.

Mikage y Mamiya son el equivalente a Utena y Anthy; son el príncipe y la Prometida de la Rosa respectivos y en su apariencia física está la prueba más evidente. Ya mencionamos que Mamiya guardaba un gran parecido físico con Anthy pero cabría preguntarse hasta qué punto esto es real o si somos testigos del fruto de la obsesión, ese nefasto destino que mencionamos con anterioridad.

Para progresar debe haber cambio y, en consecuencia, muerte y vida; lo opuesto sería “lo eterno”. Mikage es la sombra de Nemuro, un residuo eterno que perdura tras el incidente en un edificio Nemuro del que solo quedan ruinas y cuya obsesión lo lleva a ver fantasmas: Mamiya, cuyo aspecto físico queda deformado y lejos de su verdadera apariencia. Nemuro quedó atrapado en el ataúd que conforma el edificio hasta que Utena lo abre y pone fin a la ilusión de la rosa negra.

Al final, como un castillo en el cielo, el sueño de Nemuro (hallar la eternidad) se volvió inalcanzable. Será en manos de Utena donde quede decidir qué destino les aguardará a Anthy y ella. ¿Podrán abrir el ataúd y salir de la Academia o, como Nemuro/Mikage, quedarán preservadas en el ámbar para siempre?

Akio y los límites del consentimiento

A partir de aquí, el post contendrá spoilers importantes de la trama, especialmente del episodio 33 de Utena, la Chica Revolucionaria.

Todas las actrices y actores ya están en el escenario pero queda la pieza indispensable de toda obra: alguien que la dirija. Como en toda institución, la Academia Ohtori tiene una jerarquía y quien la encabeza no podría ser otro que su director, Akio Ohtori, aquel que dirige al Consejo, el Seminario y los estudiantes; el único adulto del lugar (está prometido con su pareja) y, además, el hermano de Anthy.

A Akio le gusta observar las estrellas. Tanto es así que su piso aloja un planetario. Asimismo, su nombre viene dado por una estrella muy concreta, detalle que nos da a conocer el propio director:

La Estrella del Amanecer… Mi nombre, Akio, deriva del nombre de esta estrella. La Estrella del Amanecer, también conocida como Lucifer. La estrella que originalmente fue un ángel pero se convirtió en el Diablo”.

Del mismo modo, llega a comparar a Utena con una estrella, Ganímedes: según la mitología griega, Ganímedes fue un joven príncipe troyano del que Zeus se encaprichó y mandó capturar. Al contrario que otros personajes, Akio rara vez esconde sus intenciones al espectador.

Como príncipe azul en busca de su Cenicienta, existen numerosas escenas en las que Akio descalza a diferentes princesas, Utena incluida.

Pero hablar de Akio lleva a hablar del elemento clave, aquel que mejor representa el mundo adulto y al propio Akio: el coche.

Con una metodología repetitiva que ya conocemos de las muchas reiteradas escenas de la serie, Akio convence a un personaje diferente (un duelista) en cada episodio para que monte en su coche. Cuando este accede, vemos el coche correr, cada vez más deprisa, por una carretera vacía. Es costumbre de numerosas series y películas adolescentes utilizar el coche porque representa el paso a la madurez (los niños no pueden conducir) pero también simboliza el sexo y la pérdida del control.

“Si tu alma no se ha dado por vencida, podrás escuchar el sonido. ¡Te lleva hacia el Fin del Mundo!”

Utena se siente paulatinamente atraída por Akio y él, como príncipe seductor y atractivo que es, lo sabe. No importa que el príncipe ya esté prometido porque al príncipe le gustan las princesas. Será esta atracción la que desemboque en desastre cuando el director decida invitar a Utena a montar en su coche para llevarla a la feria.

Vemos a Utena alojada en una habitación hablando con un presunto Akio (no le vemos en ningún momento) sobre asuntos banales mientras realiza diversas actividades y en una silla observamos un ramo de rosas con colores rosas (representación de la feminidad de Utena, ya hablamos de ello anteriormente) y rojas como la ropa de Akio o su coche. Entre dichas actividades, una Utena maquillada vista ligeramente por encima (no a la misma altura del espectador) juega una partida de un juego de mesa y va perdiendo.

Al mismo tiempo, vemos a Akio conduciendo su coche solo, cada vez más y más y más deprisa hasta que el alumbrado de carretera nos ciega y oímos un volantazo. Asimismo, mientras conduce observamos una palabra repetida sucesivamente en la calzada: “PARARSE”. “Detenerse”.

No como imperativo sino como infinitivo y escrito en katakana (para los menos familiarizados: los japoneses emplean dos silabarios, el hiragana y el katakana) cuyo uso es frecuente en nombres de marcas comerciales de Japón por ser más anguloso e impactante, es decir, lo usan para llamar más la atención. La obra quiere resaltarnos esta palabra.

Pero Akio comprende El Mundo de la Academia y termina consiguiendo lo que más deseaba: se apodera de Ganímedes.

“Las estrellas están muy bellas, ¿no lo crees?”

Y hasta aquí el post de hoy. En el siguiente (¡y último!) entraremos a hablar por fin del clímax y final de la serie: el Fin del Mundo, la bruja y Revolución. Si os ha gustado, no olvidéis darle difusión y escribirnos comentarios que no dudaremos en leeros. Esperamos que hayáis disfrutado con esta lectura igual o más que con la anterior.

¡Muchas gracias por leer hasta aquí seguidores de El Culto del Anime!

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