Dom. Nov 17th, 2019

Utena, la Chica Revolucionaria: El príncipe de la espada rota

En esta segunda parte continuaremos ahondando en la simbología de Utena, la Chica Revolucionaria. ¡Una de obra de culto que no os podéis perder!

La deconstrucción del príncipe azul, roles de género y machismo – Parte 2

¡Bienvenidos seguidores de El Culto del Anime! Como ya explicamos en el anterior post, continuaremos ahondando en la simbología de Utena, la Chica Revolucionaria. Avisamos que estos artículos pueden contener spoilers pero siempre que sea posible intentaremos evitarlos. Estos posts estarán escritos de manera que cualquier persona, tanto si ha visto la serie como si no, pueda entenderlos y disfrutarlos así que si has llegado aquí primero, puedes empezar a leer desde la Parte 1. Dicho esto, comenzamos.

Simbología: Espadas, rosas y ataúdes

Ya hemos hablado de la frecuencia con que Utena, la Chica Revolucionaria coge varios elementos y los repite de manera constante durante todos sus capítulos. Hemos hablado de Grecia y del teatro, pero aparte hay otro elemento, un símbolo, que sin duda enlaza con la temática de nuestra historia (recordad que estamos en una historia de príncipes y princesas) y en torno al cual giran los duelos: la espada.

Los duelos de espadas son confrontaciones que tienen lugar en la Arena de Duelos, confrontaciones entre duelistas por la posesión de la Prometida de la Rosa (el príncipe más fuerte se queda con la princesa, el premio). Las normas son sencillas: cada duelista porta una rosa en su pecho y tratará de desflorar la flor del contrario con su espada. El primero en conseguirlo, gana el duelo. Está claro que, contado de múltiples maneras y por muchos autores a lo largo de los años, la lucha entre dos hombres por una mujer es el cuento de nunca acabar.

La serie siempre será sutil expresando sus ideas pero no se callará a la hora de mostrar la injusta realidad. Dejemos clara una cosa: la Academia Ohtori es la concepción de un mundo machista y patriarcal. En un escenario así, ¿qué mejor representación de poder que la espada, símbolo fálico y arma por excelencia del príncipe?

Tanto es así que Utena, nuestra protagonista, enfrenta su primer duelo contra Saionji (vicepresidente del Consejo de Estudiantes) con una espada de madera, es decir, una espada de mentira. Por si fuera poco, durante el duelo se rompe porque una espada falsa no puede ganar a una espada de verdad, una espada de príncipe. Claro que Utena, en su afán de ser un príncipe, logrará ganar y apropiarse de la Prometida, Anthy, al final del duelo.

“Las chicas no pueden sostener espadas”.

La trama no deja de remarcar la importancia de la espada a lo largo de sus arcos narrativos y cómo evoluciona su papel: durante los primeros episodios, presenciamos los duelos típicos de príncipe contra príncipe y en ellos, el poseedor de la Prometida extraerá su espada, “la espada de Dios”, directamente del cuerpo de Anthy, del cuerpo de la princesa.

Pero hay más: más adelante, las espadas pasan a ser sacadas a la fuerza del cuerpo de aquellos que son fruto de deseo de los duelistas a los que se enfrentará Utena.

Será en los últimos episodios cuando los duelos pongan a prueba la fuerza de unión entre el príncipe y su princesa, de ahí que veamos duelos de parejas: el príncipe que defiende a su prometida y la princesa que vela por la seguridad de su príncipe azul. Asimismo, observamos otro cambio bastante notable en la mecánica de los duelos: las espadas ya no son extraídas del cuerpo de la princesa sino que es esta, con gentileza y amor, quien extrae la espada, símbolo de poder máximo, a su príncipe. Y es que al final, el príncipe necesita a la princesa para usar la espada porque sin ella, la espada carece de poder y de valor. Sin princesas, una sociedad patriarcal no se sostiene.

Y si las espadas son el símbolo de poder ligadas al príncipe, la rosa sería la representación de la feminidad de la princesa. Ya mencionamos en la parte 1 las rosas cuando hablamos de la influencia de La Rosa de Versalles. La rosa se relaciona en Utena con dos conceptos: por un lado refleja la belleza de lo efímero vinculada a la mujer joven y por otro se relaciona a la joven que crece y alcanza su florecimiento. Sobra decir que la serie mantiene unas ideas fuertemente sexistas y machistas que nuestra protagonista tratará de romper.

Existen muchos debates y teorías acerca del significado oculto tras los diversos colores de rosas que se van viendo a lo largo de los capítulos, pero en esta ocasión queremos centrarnos en un ejemplo concreto de color: el rosa, el mismo que da color al pelo de Utena y que representa, más en concreto, su feminidad.

Utena, nuestro ‘príncipe’, porta durante los duelos una flor blanca en el pecho al igual que su rival portará otra distinta. Sin embargo, ha habido una ocasión en las que esto no ha sido así y ha usado una rosa diferente, concretamente en el segundo duelo contra Touga, presidente del Consejo de Estudiantes. Utena, cuya convicción vemos debilitarse por primera vez en la serie tras perder contra el manipulador presidente, abandona su característico uniforme de hombre junto con su seguridad. Será en la revancha donde la veamos portar una rosa de color rosa junto con el uniforme femenino de la Academia. Por si fuera poco, Touga se burla de ella rasgando su uniforme por diferentes sitios y así tratar de hacerla más vulnerable y femenina (recordad que, bajo la concepción de la Academia, ambas cosas van de la mano). Y será bajo estas circunstancias y con la espada nuevamente rota cuando Utena vuelva a ganar y recupere a Anthy, la Prometida.

Existe otra escena que se repite en numerosas ocasiones, justamente antes de cada duelo durante los últimos episodios, donde podemos observar esta tonalidad en las rosas. Si los duelos aparecen en cada episodio, lo mismo sucede con el ascenso a la Arena de Duelos, escena icónica de cuyo tema musical hablaremos más adelante en el post. Durante los últimos duelos, aquellos de parejas que ya mencionamos al hablar de espadas, observamos que la escena cambia también; ya no vemos a Utena subiendo escaleras sino que en su lugar toma un ascensor en el que la espera la Prometida.

Entre una serie de imágenes que se nos muestran, aparece el uniforme femenino de Anthy envolviendo una pequeña planta, planta que va creciendo conforme sube el ascensor hasta florecer dando estas rosas de color rosa. Con Utena acercándose al duelo llamado Revolución, la planta sirve como metáfora de crecimiento y madurez, el progreso de la pubertad.

Tenemos espadas y rosas, pero aún queda otra pieza de este rompecabezas cuya importancia no termina de entenderse hasta llegar al final, del cual hablaremos mucho más adelante: el ataúd, aquello que abre y cierra la historia.

Como se narra al comienzo de la obra, una princesa, Utena, se topa con una cruel verdad: la vida no es eterna y nada es para siempre. Tras la pérdida de sus padres, deprimida y triste, la joven decide esconderse en un ataúd. Utena no quería afrontar la realidad y es el prometido príncipe de la narración quien la salva de su tristeza mostrándole “algo eterno”, un motivo para continuar viviendo.

El ataúd es sinónimo de muerte pero también funciona como una metáfora de aquello que permanece encerrado, contenido, una prisión del individuo. Estos mismos conceptos (muerte y prisión) también los vemos reflejados en Utena con otra metáfora:

 “Si no rompe el cascarón, el pollo morirá sin haber nacido. Nosotros somos el pollo, el mundo es nuestro cascarón. ¡Debemos romper el cascarón del mundo! ¡Para traer la revolución del mundo!”

Hemos hablado de teatro, actores, papeles y símbolos que no hacen sino recordarnos lo que el mundo quiere hacer de nosotros, el papel que nos quiere otorgar. Un individuo que no abre su ataúd, que no rompe el cascarón del mundo, vivirá bajo un arquetipo, una actitud y pensamiento estereotipados y no podrá crecer como persona, es decir, habrá muerto sin haber nacido como el pollo dentro del cascarón. Resulta irónico cómo es la joven que salió de su ataúd la misma que años después tratará de romper el cascarón de la Academia para traer la Revolución del Mundo.

Música: Una críptica visión

Llegados a este punto, seguro que podéis entender la maestría que implica hilar y unir cada componente que conforma Utena, la Chica Revolucionaria. Si cada elemento ya lleva una carga simbólica individual, no es hasta que se unen todos los elementos, todas las piezas, cuando verdaderamente cobran un significado. Los símbolos, metáforas, personajes, roles, tramas, etc, funcionan tan bien en la serie porque se complementan los unos a los otros, se establece una sinergia entre estos que matiza y potencia el mensaje de la historia. Y si todas las piezas encajan, la música, aquella que hace presencia en cada episodio (¡y en cada duelo!) y que envuelve todo, no podía ser más relevante.

Tal como ocurre en toda obra audiovisual, la música jugará un valioso papel, pudiendo llegar a modificar nuestra impresión final. No cabe duda de que la composición instrumental, los compositores y los arreglos orquestales son partes importantes y que sin duda dan valor e identidad a Utena, pero queremos centrarnos en hablar sobre las canciones y sus letras.

Kunihiko Ikuhara, el director, declaró en una entrevista cómo le sorprendió y extrañó la reacción del público ante las canciones. Hubo personas que se las tomaron con humor, y hasta se rieron, pensando  que eran bromas, algo cómico. Lejos de su intención, Ikuhara quería estimular la imaginación del espectador a la vez que ajustaba una letra y un sonido a un personaje, escena y sentimiento específicos. Se escribió algo que obvia y simplemente encajaba a sus ojos. Irónicamente, existen múltiples traducciones e interpretaciones, hasta el punto de que ni siquiera se establece un título único para cada canción sino que se juega con la ambigüedad que puede crear la lengua japonesa.

Ya lo mencionamos cuando hablamos de rosas pero antes de los duelos tiene lugar una escena que sirve como preámbulo a los enfrentamientos: el ascenso a la Arena de Duelos. Dicha escena va a la par con la evolución que tiene la espada en los arcos narrativos y va sufriendo cambios con el avance de la obra, sea en el sonido o en la imagen.

Hemos hablado de letras y de la intención que ocultaba Ikuhara: Imaginad ser el encargado de escribir una letra que se tuviera que repetir durante todos los episodios y además cumpliera con las necesidades del director.

El tema musical en cuestión, cuyo título se traduce en inglés como “Absolute Destiny Apocalypse, no solo será el eje principal de la escena de ascenso sino que tomará la visión de uno de los personajes más importantes y en torno al cual giran realmente todos los duelos, la Prometida de la Rosa: Testigo perpetuo de cada duelo y premio del príncipe vencedor.

Comenzando por el título, la palabra “apocalypse” es una referencia directa a la obra. El “apocalipsis” por definición es el Fin del Mundo, del cual hablaremos largo y tendido más adelante pero que tiene un papel vital. Siendo esto así, el título podría interpretarse como el destino (conocer el Fin del Mundo) que es absoluto, o dicho de otro modo, irremediable. Tanto Utena como Anthy deben cumplir con el destino que les aguarda, deben cumplir con sus papeles de príncipe y princesa.

Siguiendo el tema, debemos hablar sobre la propia letra de la canción: a través de alegorías y frases crípticas, se nos contará la condena y destino de la Prometida de la Rosa así como su visión de la propia Academia Ohtori, aquella que la encierra y aísla del mundo. Día, noche, tiempo, oscuridad, etc, son palabras usadas con frecuencia en la letra que describen a una Anthy desolada, sin esperanza, que paga por sus actos pasados (desafiar la voluntad de “Dios”) una y otra vez hasta el fin de los días.

Para terminar, se describe la Academia como un oasis en medio de la nada, un tesoro solo en apariencia al que el tiempo no hace mella. Se usa la palabra “Tougenkyou”, una palabra japonesa para “utopía” y que tiene su origen en una novela china sobre un pueblo en el que la gente vivía vidas muy, muy largas. Sin embargo, las traducciones inglesas usan la palabra “Shangri-La”, utopía de los mitos que se creía tierra de felicidad permanente aislada del mundo exterior.

Y es este oasis, esta prisión, este ataúd, el que debe romperse; hay que tirar abajo el escenario para acabar con la obra representada. Hay que salir al mundo exterior y dejar atrás la idílica Academia.

Y hasta aquí el post de hoy. En la próxima parte entraremos por fin a hablar de personajes, de nuestros actores y actrices de teatro (¿qué sería de nuestra obra sin ellos?). Si os ha gustado, no olvidéis darle difusión y escribirnos comentarios que no dudaremos en leeros. Esperamos que hayáis disfrutado con esta lectura igual o más que con la anterior.

¡Muchas gracias por leer hasta aquí seguidores de El Culto del Anime!

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